Pra dizer algo sobre deslocamentos
En la parrilla, Oliveira empezó a tomar vino tinto y a comer chorizos y chinchulines. Como no hablaba gran cosa, Traveler le contó del circo y de como se había casado con Talita. Le hizo un resumen de la situación política y deportiva del país, deteniéndose especialmente en la grandeza y decadencia de Pascualito Pérez. Oliveira dijo que en París se habia cruzado con Fangio y que el chueco parecía dormido. A Traveler le empezó a dar hambre y pidió unas achuras. Le gustó que Oliveira aceptara con una sonrisa el primer cigarillo criollo y que lo fumara apreciativamente. Se internaron juntos en otro litro de tinto, y Traveler habló de su trabajo, de que no había perdido la esperanza de encontrar algo mejor, es decir con menos trabajo y más guita, todo el tiempo esperando que Oliveira le dijese alguna cosa, no sabia qué, un rumbo cualquiera que los afirmara en ese encuentro después de tanto tiempo.
– Bueno, contá algo – repuso.
– El tiempo – dijo Oliveira – era muy variable, pero de cuando en cuando había días buenos. Otra cosa: Como muy bien dijo César Bruto, si a Paris vas en octubre, no dejes de ver el Louvre. Que más? Ah, si, una vez llegué hasta Viena. Hay unos cafés fenomenales, com gordas que llevan el perro y al marido a comer strudel.
– Está bien, está bien – dijo Traveler-. No tenés ninguna obligación de hablar, si no te da la gana.
– Un día se me cayó un terrón de azúcar debajo de la mesa de un café. En Paris, no en Viena.
– Para hablar tanto de los cafés no valía la pena que cruzaras el charco.
– A un buen entendedor- dijo Oliveira, cortando con muchas precauciones una tira de chinchulines.
p. 294. Rayuela. Julio Cortázar. Meu novo alguma coisa.



